Princesa en la Torre Gris.

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Había una vez una princesa solitaria, Encerrada en una torre de desesperanza, Aguardaba a su príncipe soñado, Pero el tiempo pasaba, y él no llegaba.

Un centinela velaba en silencio, No contra intrusos, sino contra la tristeza, Protegía a la princesa de ilusiones rotas, Para que no confiara ciegamente en los cuentos.

Las noches se tornaban lágrimas, El príncipe ausente en su soledad, Hasta que las lágrimas cayeron ante el centinela, Descubriendo su amargura y añoranza.

El centinela ascendió, despierto a emociones, Encendió la llama en el corazón apagado, Una danza ardiente, dos almas unidas, La princesa encontró amor en lo inesperado.

Juntos, desafiaron los amaneceres, El príncipe olvidado en cenizas quedó, La torre desmoronada, la tristeza desvanecida, Princesa y centinela, en polvo eterno se convirtieron.

Cuando la luna tiñe de rojo la noche, Ese amor persiste en la memoria del cielo, La princesa y el centinela aún danzan, Unidos en la eternidad de su entrega apasionada.