El Arte de las Crucifixiones en Filipinas: Fe, Dolor y Tradición.

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En Filipinas, el período de Semana Santa cobra una intensidad única con las dramáticas representaciones de la pasión de Cristo, donde miles de personas participan en actos de fe que combinan el dolor físico con la devoción religiosa más profunda.
Uno de los eventos más destacados es la crucifixión de varias personas, siendo Ruben Enaje uno de los protagonistas más emblemáticos de esta tradición en la localidad de San Fernando, provincia de Pampanga. La práctica de las crucifixiones en Filipinas se lleva a cabo en el marco de las celebraciones del Jueves Santo y el Viernes Santo, días centrales en la conmemoración de la Semana Santa para la comunidad católica en todo el mundo. En lugares como San Pedro Cutud, en San Fernando, se congregan multitudes para presenciar este espectáculo de fe y dolor, donde los participantes reviven simbólicamente la pasión y muerte de Jesucristo.
Ruben Enaje, conocido como el “Cristo de Pampanga”, es una figura emblemática en este evento. A sus 63 años, ha sido clavado en la cruz por trigésima quinta vez, desafiando el paso del tiempo y el cansancio físico. Su participación simboliza una profunda devoción y un compromiso arraigado con la tradición que se remonta a mediados del siglo pasado en la región. Durante la representación, Enaje y otros participantes son clavados en cruces de madera, emulando el sufrimiento de Cristo durante la crucifixión. Estos actos suelen durar alrededor de diez minutos, pero el simbolismo y la carga emocional perduran mucho más tiempo, tanto para los participantes como para los espectadores que presencian estos actos con una mezcla de respeto y asombro.
Además de las crucifixiones, otras formas de penitencia y expresión de fe son comunes durante estas celebraciones en Filipinas. Muchos participantes se flagelan las espaldas con látigos de bambú, llegando a provocar heridas sangrantes como parte de su búsqueda espiritual y su deseo de redención. Estas prácticas extremas reflejan la profunda influencia del catolicismo en la vida y la cultura filipina.
Aunque estas representaciones tienen un fuerte componente religioso, también generan controversia y debate en la sociedad filipina. Algunas voces cuestionan la necesidad de recurrir al dolor físico extremo como expresión de fe, mientras que otros defienden estas tradiciones como parte integral de la identidad cultural y religiosa del país.
Más allá de las críticas, las crucifixiones y las penitencias asociadas continúan atrayendo a miles de personas cada año, tanto participantes como espectadores.
Para muchos filipinos, estas prácticas son mucho más que simples representaciones; son actos de profunda fe, compromiso comunitario y conexión espiritual con la historia religiosa que define gran parte de la identidad nacional en Filipinas.