Pandillas intentan tomar el control del principal aeropuerto de Haití

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Hubo un intenso intercambio de disparos entre pandilleros y policías

En medio de una preocupante escalada de violencia en la atribulada nación de Haití, se ha producido un evento de extrema gravedad que ha captado la atención tanto nacional como internacional: pandillas fuertemente armadas han llevado a cabo un intento de tomar el control del principal Aeropuerto Internacional Toussaint Louverture. Este asalto, catalogado como el más significativo en la historia de Haití, se suma a una serie de eventos violentos que han sumido al país en una espiral de caos y desafíos.

El Aeropuerto Internacional Toussaint Louverture, que en condiciones normales sirve como la principal puerta de entrada y salida de la nación caribeña, se vio asediado por un enfrentamiento armado entre las fuerzas de seguridad y las pandillas, que buscaban desafiar la autoridad del Estado. A pesar de que el aeropuerto se encontraba cerrado en el momento del ataque, sin operaciones aéreas ni pasajeros presentes, la magnitud del incidente resalta la audacia y la coordinación de las pandillas involucradas.

Las imágenes captadas por periodistas de The Associated Press ofrecen una perspectiva impactante de la situación. Un camión blindado se erige como un bastión móvil, desencadenando disparos contra las pandillas que intentan ingresar a los terrenos del aeropuerto. Mientras tanto, un gran número de empleados, testigos aterrados de este enfrentamiento, buscan resguardo, subrayando la amenaza palpable y directa a la seguridad en el país.

Este asalto se produce en un contexto de intensificación de la violencia en Haití, marcado por la reciente fuga masiva de más de 3,600 reclusos de las cárceles del país. Un fin de semana letal vio el asalto coordinado de pandillas contra instituciones del Estado en la capital, Puerto Príncipe, incluyendo el propio aeropuerto internacional y el estadio nacional de fútbol. La situación llegó a un punto crítico que llevó a las autoridades a imponer un toque de queda nocturno y declarar un estado de emergencia por 72 horas.

El presidente de facto, Ariel Henry, quien asumió el cargo tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse en julio de 2021, se ha enfrentado a una creciente crisis de seguridad. La ola de violencia, coordinada y audaz, ha alcanzado objetivos anteriormente impensables, como el Banco Central. En un intento de abordar esta crisis, Henry viajó al extranjero la semana pasada para buscar apoyo internacional para un plan que involucra el despliegue de una fuerza de seguridad respaldada por Naciones Unidas. Un esfuerzo destinado a estabilizar a Haití en medio de la creciente amenaza de grupos criminales que han demostrado ser cada vez más poderosos y desafiantes.

El caos que prevalece en la capital, Puerto Príncipe, revela un escenario desolador. Se estima que hasta un 80% de la ciudad ya está bajo el control de pandillas. La coordinación de sus acciones y la elección de objetivos estratégicos, como el Aeropuerto Internacional y el Banco Central, demuestran la audacia y la creciente capacidad de estas organizaciones criminales, que han llevado a las autoridades al límite de sus capacidades.

La Policía Nacional de Haití, con aproximadamente 9,000 agentes para proteger a una población de más de 11 millones de habitantes, se enfrenta a un desafío abrumador. La falta de recursos y la disparidad en términos de armamento dejan a las fuerzas de seguridad desbordadas, luchando por contener una situación que parece estar fuera de control.

El fin de semana letal representó un sombrío hito en esta espiral de violencia, con al menos nueve personas asesinadas en ataques coordinados de pandillas contra instituciones estatales, incluyendo cuatro agentes de policía. La fuga masiva de reclusos durante el asalto a la Penitenciaría Nacional, donde aproximadamente 4,000 presos escaparon, ha sumido al país en una atmósfera de inseguridad y temor.

Entre los presos liberados, se encuentran 18 exmilitares colombianos acusados de participar como mercenarios en el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021. En medio del caos, se han divulgado videos y testimonios desesperados de aquellos que han quedado atrapados en este torbellino de violencia, destacando la urgencia de la situación y la necesidad de una respuesta efectiva.

La situación también ha afectado a la población civil, con reportes de disparos en varios vecindarios de la capital. La infraestructura de comunicaciones se ha visto comprometida, con cortes en el servicio de internet y la principal red de telefonía móvil informando sobre la interrupción de servicios durante los episodios de violencia.

El gobierno haitiano ha buscado respaldo internacional y ha declarado una emergencia por 72 horas, instando a la cooperación de la policía para hacer cumplir el toque de queda y aprehender a los responsables de los disturbios. Sin embargo, la magnitud del desafío planteado por las pandillas ha llevado a la población a cuestionar la eficacia de las medidas tomadas hasta el momento.

En este complejo escenario, la comunidad internacional, incluyendo a Estados Unidos, ha observado con preocupación el rápido deterioro de la seguridad en Haití. El gobierno de Joe Biden, que ha rechazado enviar efectivos para una fuerza multinacional pero ha ofrecido apoyo financiero y logístico, sigue de cerca la situación.

Jimmy Chérizier, un exagente de la policía conocido como Barbecue, líder de una coalición de pandillas, se ha responsabilizado por los ataques.