Palabras clave: marcha en Friusa, inmigrantes haitianos en Bávaro, conflicto haitiano-dominicano, soluciones migratorias, Punta Cana, seguridad en Friusa, La Altagracia
Esa mañana de marzo, el sol amaneció más seco de lo habitual. El polvo, los ruidos lejanos y el murmullo de quienes, envueltos en banderas tricolores, se desplazaban por la calle principal del Hoyo de Friusa, eran como un eco que venía de las entrañas de un país cansado. Nadie lo dijo en voz alta, pero todos sabían que algo distinto se cocinaba.
UNA CONVOCATORIA DESDE EL NACIONALISMO
La convocatoria la hizo una organización poco conocida pero cuidadosamente vestida con símbolos patrios: la Antigua Orden Dominicana. Fundada en 2012 por Ángelo Alexander Vásquez Hernández, esta agrupación ha resurgido con un discurso identitario y una bandera: la defensa de la soberanía dominicana ante lo que consideran una “invasión pacífica” de migrantes haitianos indocumentados en la zona turística de Punta Cana, específicamente en el conflictivo Hoyo de Friusa.
Bajo un lenguaje que mezcla historia con ideología, la convocatoria circuló como pólvora entre redes sociales y grupos comunitarios. “Por la seguridad de nuestras familias”, “por la patria”, “contra la ilegalidad”, decían los afiches. La cita: domingo 30 de marzo de 2025, 10:00 de la mañana, entrada de Friusa.
LA MARCHA Y EL INCENDIO LATENTE
La marcha comenzó con orden. Pancartas, tambores, jóvenes vociferando consignas, ancianos con la mirada cargada de historia, madres con niños en brazos. Era una procesión cívica, pero también emocional. Caminaban por las calles de Friusa como quien pisa un territorio que se siente cada día más ajeno.
Sin embargo, como suele ocurrir cuando las emociones desbordan los acuerdos, un grupo se desvió hacia un sector llamado Mata Mosquitos, donde se alega que residen cientos de haitianos en condición irregular. El intento de avanzar fue contenido por la Policía Nacional y el Ejército, que recurrieron al uso de bombas lacrimógenas y cañones de agua para disuadir la incursión.
El conflicto no fue mayor por obra del azar o de la contención de las masas. Pero el mensaje ya estaba claro: la tensión entre los dominicanos y los inmigrantes haitianos en Friusa ha cruzado la línea del discurso para entrar en el terreno peligroso de la acción directa.
FRIUSA: ESPEJO DE UNA NACIÓN ROTA
El Hoyo de Friusa no es sólo un asentamiento marginal: es la radiografía de un Estado que no planificó, que permitió crecer un turismo sin rostro humano, y que hoy enfrenta las consecuencias de una migración descontrolada, sin soluciones ni diálogo.
Friusa simboliza una tragedia moderna: el desarraigo de una población trabajadora y la percepción de una “pérdida del control” por parte de las comunidades locales. A esto se suma la criminalización de los migrantes, que no pocas veces sirve de excusa para justificar problemas de seguridad, drogas y desempleo.
POSIBLES SOLUCIONES AL PROBLEMA MIGRATORIO EN FRIUSA
¿Qué hacer entonces? Vargas Llosa diría que no hay solución sin libertad, sin legalidad, sin dignidad. Y en ese espíritu propongo algunas vías:
1. REGISTRO Y REGULARIZACIÓN REALISTA: Crear un plan de regularización específico para Friusa, con plazos y criterios claros, que permita saber quién está, qué hace y cómo contribuir al sistema.
2. ZONAS DE VIVIENDA CONTROLADA: Incentivar proyectos de viviendas dignas y ordenadas con registro migratorio, evitando el caos urbanístico de los llamados “guetos”.
3. FISCALIZACIÓN DEL SECTOR TURÍSTICO: Exigir a hoteles y empresas que contraten solo a personas con documentación legal, y sancionar severamente a quienes se beneficien de la informalidad.
4. CENTROS BINACIONALES DE ATENCIÓN COMUNITARIA: Espacios donde se brinde asistencia en salud, educación y formación laboral, tanto para dominicanos como para haitianos legales. La integración comienza con el contacto humano.
5. MESA PERMANENTE DE DIÁLOGO: Incluir a líderes comunitarios, religiosos, empresarios y organismos internacionales en un comité permanente de mediación y solución.
CONCLUSIÓN: ENTRE EL GRITO Y LA ESPERANZA
Friusa no necesita más gritos, ni más gas lacrimógeno. Necesita visión, compasión y firmeza. Si el Estado no actúa con inteligencia, serán los sentimientos más oscuros los que ocupen el vacío. Y eso, en un país como el nuestro, puede tener consecuencias devastadoras.
Porque al final, como escribiría Vargas Llosa: “Las naciones no se construyen con miedo, sino con la capacidad de mirar al otro, y aún así, seguir defendiendo lo propio sin perder la humanidad”.