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Digitalizar sin dejar a nadie fuera

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Por Fernando M. Placeres, M.Sc.

Una comunidad no se moderniza de verdad si, para resolver lo cotidiano, obliga a una parte de su gente a depender siempre de otra. Digitalizar debe ampliar la autonomía. Una pantalla puede facilitar un trámite, pero también convertirse en una puerta cerrada.

El 3 de septiembre de 2026, la UNESCO presentó módulos para que las ciudades impulsen el aprendizaje digital de las personas mayores. La OCDE, en una guía de octubre de 2025, advierte que la formación debe respetar sus ritmos y necesidades. La edad no justifica renunciar a enseñar ni tratar a nadie como incapaz.

En Verón, Bávaro e Higüey, esa reflexión invita a revisar cómo atendemos. Un negocio o una oficina puede preguntarse si alguien que desconoce una aplicación tiene una alternativa comprensible. La eficiencia también debería medirse por cuántas personas consiguen resolver.

Acompañar exige paciencia: explicar un paso, dejar que la persona lo haga y preguntar qué necesita repetir. Tomar su teléfono y terminarlo todo puede ahorrar minutos hoy, pero dejar intacta la dependencia mañana. La ayuda debe respetar también la privacidad.

Esa paciencia comienza por estar presentes. Escuchar sin mirar otra pantalla, contener la prisa y aceptar una pregunta repetida son decisiones pequeñas que expresan un propósito grande: construir una comunidad donde aprender siga siendo posible.

Propongámonos una meta concreta esta semana: acompañar a alguien en una tarea digital elegida por esa persona, sin sustituir sus decisiones. Y, desde las instituciones, conservar una vía humana de orientación. Reconocer a quienes construyen Punta Cana también significa permitirles participar en su futuro.

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Fuentes: UNESCO, septiembre de 2026; OCDE, octubre de 2025.

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