Por Fernando Placeres, M.Sc
Ustedes conoce de mi afición por el cine. Es un hobbie que practico de 3 a 4 veces por semana. Aprovechando el feriado de año nuevo fui a ver la película La Empleada que no trata sobre una casa lujosa ni sobre una empleada vulnerable… Es en realidad una radiografía incómoda del abuso moderno, ese que no deja moretones, pero sí ruinas interiores. El que no alza la voz, pero controla el relato.
Durante buena parte del filme, el espectador cae en la trampa deliberada del “hombre correcto” y la “mujer inestable”. Andrew habla bajo, razona, explica. Nina se altera, se quiebra, reacciona. El guion nos enfrenta a un sesgo social profundamente arraigado: tendemos a creerle al que parece calmado y a desconfiar del que se descompone. El problema es que, muchas veces, la calma es estrategia y el desborde es consecuencia.
La película acierta donde otras fallan pues no caricaturiza al villano más bien lo normaliza. Y ahí está su mayor mérito —y su mayor incomodidad—. El abuso que muestra La Empleada no es excepcional sino más bien funcional. Opera en oficinas, hogares y relaciones donde el control se ejerce con palabras medidas, silencios calculados y una narrativa cuidadosamente construida para invalidar al otro.
Millie, con un pasado que la desacredita de antemano, es el blanco perfecto. El sistema no la escucharía. Nina, emocionalmente erosionada, tampoco. Dos mujeres aisladas, enfrentadas entre sí por un diseño masculino que entiende muy bien cómo funciona la credibilidad social. El giro de la historia es argumental y ético. La verdad aparece cuando ambas dejan de competir por la aprobación del abusador y comienzan a compartir información.
La Empleada deja como advertencia que el peligro real no siempre entra dando portazos. A veces llega con modales impecables y voz serena. Y cuando controla la historia, controla también a las personas. Hasta que alguien —por fin— decide contarla completa.
Fernando Placeres, M.Sc
Comunicador, director de medios y consultor en marketing digital.
@fernandoplaceres







Buena película