Por Fernando M. Placeres, M.Sc.
Una guagua fue captada este fin de semana utilizando una acera de la avenida Domingo Maíz, en Verón, para adelantar vehículos detenidos. No hubo lesionados reportados, pero la escena deja una pregunta incómoda: ¿en qué momento llegar primero se volvió más importante que respetar a los demás?
La Ley 63-17 define la acera como el espacio destinado exclusivamente a los peatones. Sin embargo, ninguna norma será suficiente si asumimos que la fila es para otros, que el semáforo puede negociarse o que unos minutos justifican poner en riesgo a quien camina.
La prisa desordena más que el tránsito. También entra en el trabajo, la familia y nuestras metas personales. Queremos avanzar tan rápido que dejamos de ver lo que ocurre delante. La presencia consciente no significa renunciar al futuro; significa actuar correctamente en este instante para no destruir aquello que pretendemos construir.
Una comunidad turística como Verón–Punta Cana necesita mejores vías, fiscalización y transporte organizado. También necesita una cultura cotidiana de respeto. El desarrollo no se mide solamente por hoteles, inversiones o vehículos nuevos, sino por la seguridad con que una persona puede caminar por su acera.
La tarea práctica es sencilla: salir con tiempo, respetar el turno y recordar que dentro del otro vehículo o sobre la acera hay una persona con su propia urgencia. Nuestras metas valen más cuando no atropellan, literalmente ni en sentido figurado, los derechos de los demás.
La próxima vez que el tapón nos impaciente, hagamos una pausa. Tal vez perder dos minutos sea la forma más concreta de conservar la calma, proteger una vida y ayudar a construir la comunidad que deseamos.
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Fuentes: FP Noticias; INTRANT, Ley 63-17.




